Si puedes sentir, puedes bailar

Reflexiones de vida y danza

Cada día creo más en que cualquier persona que sea capaz de sentir es capaz de bailar. No me vale un “yo no sigo el ritmo” “soy torpe” “es que soy disléxica@” y un sin fin de escusas que nos sirven para no darnos permiso a hacer aquello que nos gusta.

Desde mis inicios que he sido así. Debe ser mi esencia. Mi “modus vivendí”. Ya en el último curso de Instituto empecé a dar clases de danza a mis propias compañeras, montando espectáculos que aun recuerdo con gran cariño. Recuerdo los comentarios de familiares y amigos al acabar las funciones, sorprendidos de la gran carga emocional que llevaban. Y es que no hay como creer en lo que haces y saber transmitirlo. Todos nos sentíamos como protagonistas de un Musical de Broadway. Realizábamos el vestuario, escogíamos las músicas… yo misma hacía de técnico de luces y sonido, cuando no tenía ni idea… pero con ilusión todo salía a pedir de boca.

Recuerdo un día cuando, al empezar la clase, me crucé con una compañera que acababa su clase de teatro como alumna. Me dijo  que le daba mucha envidia vernos bailar, y yo le dije que se quedara a una clase y su respuesta fue: Ya me gustaría, pero yo no sirvo para bailar. ¿Cómo? ¿Quien determina quién puede o no puede bailar en esta vida? ¿tienes un papel que lo diga? ¿alguien te esta apuntando con una pistola?
Ella me miró perpleja y me dijo que no le pasaba nada de todo eso, pero que ella creía que era torpe y qué por tanto no podía. A la semana siguiente Laia empezó mis clases de danza en el Instituto. En 2 años se apuntó a la carrera de Comedia Musical en Cocó Comín, y durante muchos años se dedicó enteramente al mundo de la danza, como bailarina y docente. He de decir que fue una de mis mejores alumnas. Una persona cargada de sensibilidad, energía positiva, presencia y ritmo.

En la vida crecemos bajo el amor de nuestros padres, que nos crían según su criterio y experiencia, de la mejor manera que saben. Pocas personas nos querrán tanto como nuestro propios padres, y ellos, juntamente con nuestras experiencias son quienes nos marcan quienes somos. Todas las vivencias nos determinan. Pero es en el conocerse a uno mismo, en el escucharse y escuchar a aquellos que te quieren, donde empieza nuestro YO.

Cada vez es más importante conocerse para poder vivir plenamente, para vivir tranquilo, en definitiva FELIZ. Es importantísimo darse permiso para equivocarse, probar cosas nuevas, pero sobretodo ESCUCHAR. No es algo que a mí me haya sido fácil hacer. De hecho viví mucho tiempo luchando por entender que sucedía en mi vida… por qué muchas personas a las que quería con locura se apartaban de mí. Empecé a hacer terapia con Sergi Franch de BCN Gestalt después de un primer curso de Interpretación Meisner con Javier Galito-Cava. Sus comentarios no me dejaban indiferente y  fue Javier quien me aconsejó empezar terapia. Empecé sin creer mucho en ella, de hecho la dejé 2 veces, por que me hacía romper con toda aquella estructura que tanto me había costado conseguir. Y no estaba dispuesta a cambiarlo por incerteza, y menos por algo que hacía desde mi… “pero si yo no valgo nada”, me decía a misma.

Pero un día, quedé con mi amiga Antonia, por que hacía semanas que no hablaba con ella, que no nos veíamos y sabía que algo pasaba. Ya no teníamos la misma relación, y eso me disgustaba. En otro momento hubiera optado por pensar “si no quiere estar conmigo, ya se lo hará, por que yo no le hecho nada. Hay más peces en el rio”. Pero esa vez no quise. Era una amiga demasiado especial como para perderla. Así que animada por el proceso que estaba empezando quedé para hablar con ella y le supliqué que me explicara que estaba pasando. Y tuve la gran suerte de no equivocarme. Antonia fue muy generosa y asertiva. Era y es una gran amiga. Recuerdo el momento preciso, el lugar preciso y sus palabras con gran exactitud. Me dijo: Lys! Ya no te llamo, por que sólo hablas de ti. De tus problemas. De tus logros. De tus avances. Y ni siquiera te interesas de cómo estoy, cómo me va… y por eso, ya no me sale llamarte. Qué gran verdad me dijo. Y que vergüenza tan grande al mia. Tenía toda la razón. No luché ni un minuto por convencerla de que lo que me decía no era verdad. Yo la quería y la quiero, y me importaba y sigue importando mucho cómo le vaya en la vida. Pero el piloto automático que llevaba era inmenso, y me hacía inconsciente de muchísimas cosas. Aun seguimos siendo grandes amigas aunque pase el tiempo y eso es un gran tesoro de vida.

Aun ahora sigo teniendo que pensar antes de hablar, antes de actuar, para que no salga el subconsciente. Para que casi 35 años de formación inculcada por nuestro entorno, no puedan con los 7 u 8 años de aprendizaje de vida propia. Mi vida empezó a cambiar por completo en todos los aspectos. Y a día de hoy soy una persona nueva. Sigo teniendo muchas cosas que aprender. Muchas cosas por entender, por modificar. Sigo no haciendo las cosas que realmente siento en muchas ocasiones, pero inento cada vez más seguir el camino de mi corazón por que se que no falla. Qué por mucho que la vida me ponga en situaciones extremas una y otra vez, cada día seré sino mejor persona, la persona que quiero ser. Una persona generosa, transparente y llena de corazón, y eso no tiene precio.

Soy de las que piensa que en esta vida tenemos que hacer algo por lo que sintamos pasión, tenemos que ser constantes y hacerlo con amor, pero sobretodo tenemos que ESCUCHAR mucho. Y no pensar tanto en nosotros mismos desde un punto de vista de nuestras necesidades, o creer que tenemos la solución de todo o para todo. O que todo depende de nosotros, de cómo hagamos las cosas.  Pero sobretodo creo que los procesos los debemos hacer nosotros. No podemos usar a las personas para crecer, aunque crezcamos con ellas. Por que entonces no estamos siendo para nada generosos. Lo he podido comprobar con mis propias vivencias. Muchas de mis alumnas se toman las clases como una especie de terapia, incluso algunas han empezado a ir. Y el cambio personal relacionado con el nivel en la clase de danza es espectacular. La expresión más pura de uno mismo que yo conozco es le movimiento, en mi caso la DANZA. Y ahí, la verdad y el corazón prevalecen a todo.

Mi padre, con 70 años y una vida más que complicada, le propusieron un ejercicio que me parece fascinante y que invito a que probéis. Pregunta a 10 personas de tu entorno. Muy cercanas. Lo máximo posible. Y diles que te digan 5 virtudes y 5 defectos tuyos. Escúchalos. Simplemente. No podéis imaginaros, con sólo este ejercicio como es capaz una persona de cambiar. Lo pude ver en él, y posteriormente en mí, ya que me animé a hacer ese fascinante ejercicio. Siempre seremos la misma persona. Pero seremos mucho más conscientes de quien realmente somos. Por que a veces nos creemos ser quienes no somos. Bueno, yo creo que a veces no, casi siempre. Y sólo desde el conocerse, podemos crecer y vivir en paz y conseguir todo aquello que nos propongamos.

Así que si te gusta bailar, si te llama la atención, si lo hiciste pero te dijeron que no valias… deja todo eso atrás y baila. Aprende, escucha, disfruta… déjate de concursos, de comparaciones… hazlo. Si es algo qué te gusta o crees que te puede gustar, te aseguro que jamás te arrepentiras de haberlo intentado y seguro que sacarás muchos frutos de ello. Cuando bailas eres libre, eres tu, eres aire, sueños, VIDA.

Parole. Coreografía de Francisco Lloberas. Bailan Francisco Lloberas y Mercedes Recacha.